El Balón Mágico
Había una vez una niña que se llamaba Carmen y era futbolera. Hincha del Real Madrid. La encantaba jugar al fútbol. Solo había un problema: en su cole ninguna niña quería jugar a eso. A todas sus amigas lo que les gustaba era la natación, el judo o la gimnasia rítmica.
Después de pelearlo en el cole sus padres consiguieron que fuese aceptada en el equipo infantil a pesar de ser la única niña.
Dos veces a la semana entrenaba en la cancha del cole con los demás niños, pero en realidad no tocaba el balón. Los chicos no le pasaban la pelota. Todos eran mas altos y mas fuertes que ella y por mas que se esforzaba y corría nunca conseguía llegar a la pelota. Y los chicos se reían de ella.
Volvía triste a casa cada tarde y aunque sus padres la animaban a cambiar de deporte ella seguía empeñada en jugar fútbol.
Aquella tarde bajó con su camiseta del Real Madrid a dar unos chutes en el parque de la urbanización. Era su manera de intentar dominar mejor la pelota con la ilusión de que, si conseguía mejorar su chute, tal vez los niños del cole empezaran a considerarla del equipo.
Llevaba un rato dando patadas y tirando a gol a la portería ficticia que ella imaginaba entre dos árboles cuando se la acercó un niño.
- ¿Puedo jugar contigo?- la preguntó.
Carmen se sorprendió. El chico debía ser nuevo en la urbanización porque no le había visto nunca por allí.
- Claro- le respondió.
- ¿Te importa que juguemos con mi pelota?- preguntó el niño.
A Carmen le daba igual. ¡Total...! Ya sabía que iba a tocarla poco pues, como todos, el niño era mas alto y fuerte que ella y dio por hecho que el chaval dominaría el balón.
Para sorpresa de Carmen el chiquillo la dejaba jugar y no se aprovechaba de su fuerza superior para robarla el balón cuando ella le tenía. Y para mayor sorpresa aquella pelota parecía buscar sus pies en vez de ser ella la que peleara por llegar al balón.
Pasó la tarde. Ambos habían metido goles,ambos se habían dado pases y habían compartido (esta tarde sí) espacio, juego y pelota. Pero había que volver a casa.
Cuando se despedían el chico la dijo:
- Te regalo mi balón, te le cambio por el tuyo. Así tendré un recuerdo de esta tarde y creo que mi balón te va a dar suerte como futbolista.
Carmen aceptó y se volvió a casa contenta y sorprendida.
Al día siguiente llevó el balón al entrenamiento del colegio y pidió jugar con él. Sus compañeros no pusieron pegas convencidos de que daba igual: seguía siendo niña y canija.
Para sorpresa de todos el balón parecía buscar los pies de Carmen y los otros niños casi ni conseguían rozarle salvo si Carmen se lo pasaba. Metiò dos goles ante la sorpresa de todos y la aplaudieron asombrados. Y empezaron a pasarle la pelota y a jugar, ahora sí, con ella como una mas del equipo.
Al terminar el entrenamiento Carmen estaba muy contenta y no se lo podía creer. ¡La habían dejado jugar!¡Habían formado equipo con ella!
Guardó el balón cuidadosamente en su bolsa de deportes ¡realmente ese balón era mágico! Se lo contó a sus padres ¡Era feliz!
El domingo fue con su padre al estadio a ver el partido de la liga del Real Madrid. Cuando estaban en la cola para entrar vio al niño del parque un poco mas atrás que ellos.
⁃ ¡Papá mira! -dijo indicando con el dedo- ese es el niño que me regaló el balón.
Su padre miró y no vio a ningún niño.
⁃ Carmen, ahí no hay ningún niño. Venga, pasa que estamos en la entrada.
Carmen miraba hacia el lugar y ella sí le veía. El chaval la guiñó un ojo y le hizo el signo del silencio. Y se esfumó; de pronto desapareció.
Carmen no entendía nada y se acordó de las historias de hadas y magos que la abuela le contaba desde que era pequeña. A partir de ese día empezó a creer en ellas.
Con los años llegó a ser jugadora de la Selección de fútbol. Y nunca se separó de aquel balón mágico, que siempre llevaba junto a ella.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado
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